Villarrica
Sobre el paisaje lacustre del sur de Chile se alza un cono casi perfecto que nunca termina de dormir. Es, según los registros de Sernageomin, uno de los volcanes más activos de Sudamérica: en su cráter hierve, día y noche, uno de los pocos lagos de lava permanentes del planeta.
El volcán en cifras
Una radiografía rápida del edificio volcánico, su cráter y su entorno inmediato, según el Instituto Geográfico Militar, Sernageomin y registros históricos de ascenso.
Anatomía de un gigante en construcción
El Villarrica lleva formándose desde hace unos 650.000 años, capa sobre capa de lava solidificada y material piroclástico, el patrón típico de un estratovolcán. Su edificio actual se asienta sobre una amplia caldera de varios kilómetros de diámetro, y el cono activo que hoy vemos ocupa su extremo noroeste.
A diferencia de volcanes con magmas más viscosos y erupciones catastróficas, su composición basáltica a andesítico-basáltica favorece una actividad mayormente efusiva y moderadamente explosiva: coladas de lava y explosiones estrombolianas antes que grandes eventos plinianos.
Forma parte de una cadena volcánica orientada de noroeste a sureste que también incluye los volcanes Quetrupillán y Lanín, ambos visibles desde su cumbre en días despejados.
Una memoria de fuego
Desde la primera erupción documentada por los cronistas coloniales hasta el reporte de esta misma semana, el Villarrica escribe su historia en ceniza y lava. Esta es una selección de los episodios más significativos.
Las primeras erupciones documentadas
Los cronistas de la conquista española registraron erupciones que destruyeron el asentamiento colonial de Villarrica, entre los episodios más antiguos que se conservan en la memoria histórica del volcán.
Actividad colonial persistente
Una nueva erupción en 1640 llegó acompañada de fuertes sismos; el volcán volvió a manifestarse en 1751 y 1755, consolidando su fama como uno de los macizos más inquietos del reino de Chile.
Cuatro erupciones en la época republicana
Durante el siglo XIX se registraron erupciones centrales en 1860, 1874, 1876 y 1883, sin contar la actividad de sus centros eruptivos adventicios.
La «coliflor atómica»
Una violenta explosión formó una columna en forma de hongo y derritió el hielo de la cumbre. Los aludes resultantes bajaron por varias quebradas hasta los lagos Villarrica y Calafquén, dejando cerca de un centenar de víctimas entre muertos y desaparecidos.
La tragedia más letal registrada
Un lahar de diez metros de espesor y 200 de ancho descendió hacia el lago Calafquén y arrasó poblados como Coñaripe. Es, hasta hoy, el episodio con mayor número de víctimas fatales asociado al volcán, con más de 200 muertos y desaparecidos.
Cierre de un ciclo eruptivo del siglo XX
Nuevas fases de actividad, entre ellas la de 1984-85, marcaron el final de un largo ciclo eruptivo antes de décadas de relativa calma superficial.
Un nuevo período eruptivo, aún vigente
Comienza la fase que se extiende hasta hoy, caracterizada por incandescencia nocturna persistente en el cráter y actividad estromboliana ocasional, con el lago de lava frecuentemente visible desde la superficie.
Erupción explosiva
Duró apenas 16 minutos, pero fue intensa: salpicaduras de lava, lahares y avalanchas mixtas, con una columna eruptiva que alcanzó cerca de 3 kilómetros de altura.
Vigilancia constante
Episodios recurrentes de incandescencia, aumento de gases (SO₂, CO₂) y pequeñas explosiones estrombolianas han mantenido la atención de Sernageomin, con la alerta técnica oscilando mayormente en verde y episodios puntuales en amarillo y naranja.
La casa del espíritu
Mucho antes de que los colonizadores españoles lo nombraran «Villarrica», el pueblo mapuche llamaba a este volcán Rukapillán, nombre que en mapudungun se traduce como la morada del espíritu (algunas fuentes lo traducen como «casa del diablo»).
Según la cosmovisión mapuche, en su interior habitan los pillán, espíritus ancestrales. Cada año, comunidades de localidades cercanas —como Quelhue, junto a Pucón, y Chaillupén, a orillas del lago Calafquén— celebran nguillatunes, ceremonias rituales dedicadas a honrar a estos antepasados que, se cree, aún moran dentro del volcán.
Un volcán que se puede recorrer
Pese a su actividad, el Villarrica es el corazón turístico de la zona de Pucón, con opciones para todo tipo de visitantes, siempre bajo supervisión de guías autorizados.
Ascenso a la cumbre
Una excursión de 5 a 6 horas (unos 9 km) lleva hasta el borde del cráter activo, con guía y equipo de montaña, para observar de cerca el lago de lava y sus fumarolas permanentes. El descenso suele hacerse deslizándose sobre la nieve.
Centro de esquí
En las laderas bajas, entre junio y octubre, el Centro de Ski Pucón ofrece pistas para todo nivel con vista al lago Villarrica: la particularidad de esquiar sobre un volcán activo.
Cuevas volcánicas
A los pies del volcán, un sistema de cuevas de lava de unos 700 metros formadas por erupciones antiguas puede recorrerse con guía e iluminación habilitada.
Cómo llegar
La puerta de entrada es Pucón, a solo 15 km del cráter, accesible desde el Aeropuerto Internacional La Araucanía (cerca de Temuco) en aproximadamente una hora y media por tierra.
Vigilancia permanente
Estado actual
A mediados de agosto de 2026, Sernageomin reportó incandescencia nocturna persistente en el cráter, con columnas de hasta 40 metros de altura, un comportamiento no visto desde comienzos de junio de ese mismo año, cuando también se registró un repunte de gases y pequeñas explosiones. Pese a estos episodios, el organismo ha mantenido al volcán en alerta verde —el nivel base de una escala de cuatro— y descarta un peligro inminente, mientras el Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur (OVDAS) continúa el monitoreo permanente.
Ver estado actualizado en Sernageomin →Riesgos principales
- Caída de ceniza y piroclastos en las cercanías inmediatas del cráter.
- Lahares (flujos de barro y escombros) que pueden descender por los esteros Voipir, Molco, Correntoso y Turbio hacia los lagos Villarrica y Calafquén.
- Gases volcánicos, principalmente dióxido de azufre, en el entorno del cráter.
- Avalanchas mixtas de nieve, hielo y material volcánico en la zona de cumbre.
- Se recomienda consultar siempre a Conaf y Sernageomin antes de ascender, y evitar la cima con mal tiempo o alerta elevada.